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martes, 6 de octubre de 2009

Yayo y su Maracaibo Viejo ( 06/10/2009 - Publicacion Nº 2 )



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José Antonio Negrette

En el Maracaibo Viejo, antes de que vinieran la multitud de personas en busca de trabajo, atraídas por el descubrimiento del oro negro, existían individuos especiales cuyas características los hacían sobresalir, como es el caso de José Antonio Negrette, quien por su propio esfuerzo se creó una personalidad muy particular. Nacido aquí, estudió, leyó mucho y se ilustró, por su carácter afable era una persona muy querida, a la gente le gustaba conversar con él y oír sus comentarios ingeniosos. Como persona sentía un amor profundo por su tierra natal, usaba un vocabulario muy especial por ejemplo: a Bolívar le decía El Osiris del cielo americano; al mercado Meca de la religión del estómago; a las pulperías Distribuidoras de indigestiones a domicilio; a los jorobados Hombres de torso anquilosado. A continuación transcribiré uno de los episodios protagonizados por él.

Una vez Negrette, que abusaba en su alimentación, le sobrevino una gran indigestión que él no pudo dominar con su “limpiador orgánico” y tuvo la necesidad de llamar a un médico que acudió al llamado. El médico después de examinarlo, le preguntó por lo que había comido, y Negrette le respondió:

Pues, a lo que hago memoria, ingerí al alba dos posturas de aves domésticas, asesoradas por un disco de maíz cándido; y todo humedecido con la infusión del néctar de la Arabia, en mezcla con el líquido perlino de la consorte del toro. Al meridiano, una artesa de la parte encefálica de un cuadrúpedo rumiante, en compañía de uno o dos frutos de un bananero en sazón; algunos piscolabis de sartén, sendas alcaparras de marrano, un triangulo de crema solidificada; y, un ánfora de la linfa cristalina de las cisternas domésticas saturada con el jugo de los cañaverales ribereños. A la hora del Angelus: la columna vertebral de agipán doméstico, una media docena de confites de barbacoas, unos pellizcos de torcazas lacustres; y, mi acostumbrada jícara de socomusco. Por postres, unas peladillas vegetales.

El médico sorprendido ante aquel vocabulario que lo dejó en la luna, se quedó boquiabierto y le contestó:

Francamente Sr. Negrette, no obstante mi vejez y mis estudios, no le he entendido.

Negrette, dirigiéndose a su madre, le dijo:

Tradúcele, madre al galeno lo que yantado, en el romance vulgar.

Y la madre tradujo:

Lo que ayer comió fue unos huevos fritos con arepa blanca y café con leche en el desayuno; en el almuerzo, sesos de carnero, unas albóndigas y chicharrones, con dos plátanos y un pedazo de queso con guarapo; y , cenó rabadilla de chivato con rábanos; después chocolate, unas ruedas de palometa fritas y todavía tuvo alma para comerse unos mamones. (Risas)

El médico le prescribió un nuevo purgante y le impuso la dieta.

Así era este personaje, alto, moreno, elegante, siempre vestido a la moda, portando camarita y bastón y usando lentes de oro, quien por no olvidarlo, nos recuerda con cariño aquel Maracaibo, anterior al que yo viví, pueblerino, sano y siempre caluroso, de tiempos que no volverán.

Eduardo de Pool.


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