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martes, 20 de octubre de 2009

Yayo y su Maracaibo Viejo ( 20/10/2009 - Publicacion Nº 4 )




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La bajada de los furros

Según nos cuenta Don Abraham Belloso (1879-1954), un sábado, 13 de diciembre, resolvieron él y dos amigos estudiantes del segundo año filosófico realizar una gira por “El Empedrado”, y así lo hicieron. Esa noche se celebra en la parroquia de Santa Lucía, la fiesta patronal de la bella santa siracusana; la virgen de los ojos lindos, mártir de la época del emperador Dioclesiano; y la que pone un grito de alegría en los parroquianos del “Empedrado”, donde hay tantas mujeres bonitas de ojos bellos, donde un poeta popular cantó esta copla:


Del Saladillo las lozas
de Cotorrera el pescado
y del gaitero empedrado
ojos de chicas hermosas.


Las calles por donde pasaba la procesión estaban adornadas con luces y bambalinas, que les sirvieron de guía para alcanzar la procesión que era seguida por una multitud heterogénea. Mujeres bonitas trajeadas con vestidos de colores subidos, madres con niños en los brazos que lloran y gritan, iban formando un grupo compacto en la plaza del templo hasta la recogida de la imagen. Cuando la procesión llegó a la plazoleta ya no cabía allí la gente, se echaron al vuelo las campanas de la iglesia, se lanzaron cohetes y bombas pirotécnicas, mientras los cargadores bailaban la imagen en la puerta, pues esa era la costumbre, subir al quicio y bajarla por dos veces hasta penetrar en la tercera al Templo.



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Ya entrada la procesión se le canta una “Salve Regina” y se termina con los oficios religiosos, en la plazoleta queda la multitud, esperando por el encendido de los fuegos pirotécnicos, terminados estos, una banda musical tocaba alegres piezas, danzas, polcas y joropos, de allí fueron invitados a ir a la casa de Doña Eufrosina, a quien le había amanecido la bandera de señal para llevarle una gaita, como era costumbre para iniciar la bajada de los Furros el día de Santa Lucía y la subida el día de la Candelaria el 2 de febrero, durante ese tiempo se cantaban las gaitas.

Llegaron a la casa de las gaitas, como a las 9 de la noche, allí ya estaban hombres y mujeres con maracas, furros, triángulos, cuatro y tamboras, uno cantó:


A tu puerta hemos llegado
cuatrocientos en pandilla,
si queréis que te cantemos
sacá cuatrocientas sillas.


Seguidas del estribillo:


De aquí no te a llevais
porque no me da la gana,
buscá la venezolana
bandera y la enarbolais.


Doña Eufrosina les sacó al patio las sillas que tenía y la concurrencia formó un círculo; y empezó la gaita maracucha. Un mozo de formación robustas meneó las maracas y cantó:


A quien se le canta aquí
a quien se le dan las gracias


Y otro contestó:


A la señora Eufrosina
que es la dueña de la casa.


Y así siguieron cantando gaitas y un joven le endilgó una copla a una moza:


“Quiero decir y no digo,
y estoy sin decir diciendo,
quiero querer y no quiero
Y estoy sin querer queriendo”.


Y ella le contestó


“Yo quisiera y no quisiera
que son cosas diferentes,
quisiera que me quisieras
y no quisiera quererte”
.


Aplaudieron la coplas los concurrentes, cantaron el estribillo y otro galán cantó:


“No la sigáis inquietando
que ella no te quiere a ti
no la estéis cucarachando
porque a quien quiere es a mí.


Se miraron los dos rivales y estos a la moza, cuando otra joven pidió la copla y cantó:


“No discutan por mujeres
que hay muchas en la ciudad
cada quien con sus quereres
y no habrá dificultad.




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Ya era tarde: habíamos asistido a la Bajada de los Furros con la inauguración de la gaita del año decía Don Abraham, regresábamos a nuestros hogares, cuando, caminábamos por la calle Federación, un señor nos detuvo y nos dijo:

“Miren jóvenes: ustedes son exóticos por aquí, me hacen el favor de desocuparla, porque yo no quiero broncas ni zafarranchos en las gaitas.

Era el Jefe Civil de la parroquia, a quien los empedraderos le habían dedicado una copla:


“El Judío de la Maseta
sentado en la jefatura,
tiene tan fea figura
que hasta el Diablo lo respeta”.


Así terminamos aquella noche grata de juerga gaitera en la parroquia de las mujeres de ojos lindos, como los de la Santa de su devoción:


“Del saladillo las lozas
de cotorrera el pescado
y del gaitero Empedrado
ojos de chicas hermosas”.



Eduardo de Pool
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