Envía tus reseñas y temas al correo: adriandepool@yahoo.com

jueves, 19 de noviembre de 2015

Un viaje al pasado, recordamos cómo eran las procesiones de la Chinita


Trabajo publicado en PANORAMA en noviembre de 2014.

Este miércoles los 306 años de amor y protección de su Chinita, la imagen de la Virgen Morena que se renovó en la humilde Tablita recogida en aguas del Lago. En los enlosados de El Saladillo se ubicaban ventas de dulces. Antes de la bajada personas acompañadas por un grupo musical repartían la programación. Mujeres y niñas usaban velos durante las caminatas.

Banderas blancas y celestes en las ventanas, calles adornadas con papelillos multicolores y parroquianos que desbordaban los espacios del templo San Juan de Dios, trajeados con sus mejores galas, se convirtieron en la antesala de las fiestas patronales en honor a la Virgen de Chiquinquirá.

Era la procesión de antaño, el paso de la soberana cortejada por su grey, que cada 18 de noviembre marcaba la vida de la vieja barriada saladillera en un acto de fe y devoción cristiana de un pueblo por su Patrona.

El fallecido Rafael Rincón González, conocido como “El pintor musical del Zulia” narró: “La pasaban por la calle Derecha y colocaban unos arcos de madera que casi siempre hacía mi papá, Nectario Rincón, quien fue un reconocido artista”.

“Antes de la bajada de la Virgen -comenta- se repartían pasquines con la programación, elaborados con la colaboración de los comerciantes. Los encargados de la distribución llevaban faros alumbrados con velas y eran acompañados por un grupo que entonaba notas tradicionales mientras se repartían los programas”.

La historia refleja que en dos ocasiones la Virgen no salió en procesión. La primera vez fue en 1918 por un brote de gripe española que acabó con decenas de vidas, mientras que la segunda interrupción fue en 1969, debido a una intensa lluvia que impidió el recorrido del retablo.

De estreno

Estrenar desde los zapatos hasta el sombrero, en el caso de los caballeros, era una norma, añadió Rincón.

Aunque confesó que el fervor no ha cambiado, el también fallecido Enairo Villasmil, quien se desempeñó durante décadas como el Joyero de la Virgen, aseguró: “Personas muy pobres que no tenían para estrenar preferían no ir. Había quienes se iban con zapatos nuevos y se los quitaban a media procesión porque les hacían llagas”.

Las fiestas patronales “eran algo más especial que la Navidad. Había más bullicio, incluso, el vestido que se compraba para las actividades de la Chinita era el mismo que se usaba en diciembre. Desde octubre la gente comenzaba a pensar en el peinado que usaría”, resaltó Villasmil.

La procesión también se convirtió en un momento de unión familiar, pues los miembros se juntaban para venerar a la Patrona zuliana.

El intercambio de platos por los fondos de las casas saladilleras también formó parte de una tradición practicada el día de la Virgen, que se acabó con la demolición de la barriada marabina.

Desde un revuelto de gallina hasta un dulce de hicaco, desfilaban entre el menú preparado en la víspera chiquinquireña, manifestó Villasmil.

“En los enlosados de las casas ponían mesas llenas de dulces para la venta. Había tanta gente que uno tenía que irse a pie desde El Pingüino hasta la Basílica”.

Así recuerdó Nancy de Flores, una marabina de 62 años, las escenas que vivió cuando apenas era una niña.

“Habían patiquines que bailaban con las muchachas. En la placita del frente ponían concursos de baile. Toda la calle Derecha y la calle Ciencias se llenaban. En las casas ponían cruzadas las banderas blancas y celestes. Los dueños lanzaban rosas y se ponían a rezar cuando pasaba la virgen”.

La devoción que condujo a Nancy a la Basílica le fue traspasada por su abuela.

“No me perdía una procesión, porque mi abuela, Eumelia Boscán de Nava, nos llevaba todos los años. Las procesiones comenzaban a las 5:00 pm y como a las 7:00 pm. guardaban la reliquia. Había muchos niños y ancianos y adornaban las calles con papelillos”, relató.

Las mujeres usaban velos negros y las niñas mantillas, que eran de un corte más juvenil. “Uno no podía ir sin medias tobilleras, sólo usaban pantalones los hombres”.

Los servidores

Apostado en una de las esquinas de la Basílica, Euro Rigores, quien pasó 44 años de su vida como servidor de María, aseguró que el trayecto era más corto. “Ahora no están la placita San Juan de Dios, la VOC, la tienda las Quince Letras y el cerro La Gaveta, esa es la principal diferencia, pero la cantidad de gente que viene cada vez es mayor”.

La destrucción de El Saladillo rompió además con la costumbre de ir a comprar refrescos y golosinas después de la procesión, acotó Hugo Paredes, de 73 años, quien es miembro del grupo 3 de servidores de María.

Con apenas 10 años, Ramón Ávila, comenzó a cargar la imagen de la China movido por la devoción que vive desde muy niño. Para él las procesiones siguen congregando la fe de un pueblo que se ve reflejado en la bondad de la Reina morena.

Lejos de disolverse, la veneración a la Virgen, cuyo retablo emergió de las aguas del Lago el 18 de noviembre de 1709, se fortalece en el tiempo y se renueva en las generaciones de relevo.

TRADICIÓN

POCO DESPUÉS del milagro de renovación se iniciaron las concentraciones públicas para venerar a la patrona, explicó el presbítero Eleuterio Cuevas, párroco de Nuestra Señora de Chiquinquirá.

EL AÑO siguiente a 1709 ya habían reuniones públicas para venerar a la patrona. Hasta 1742 fueron coordinadas por grupos familiares”. 

Fuente: Panorama.com.ve
Publicar un comentario en la entrada