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miércoles, 25 de noviembre de 2015

Yayo y su Maracaibo Viejo - Cecilio Acosta - Publicación N° 30



Parroquias del Municipio Maracaibo
Cecilio Acosta.

Nace en San Diego de los Altos, hoy Edo. Miranda, hijo de Ignacio Acosta y Juana Margarita Revete Martínez y vive allí hasta los trece años. Sus primeras enseñanzas las recibió del Pbro. Mariano Fernández Fortique párroco del lugar, la muerte prematura del padre hace que la madre Doña Margarita sea centro de hogar, eran extremadamente pobres pero ricos en afectos.

Influenciado por el padre Mariano entra al Seminario donde permanece 9 años y aprende teología, religión, historia sagrada y latín, lee a Santo Tomás, Fray Luis de León, Santa Teresa de Jesús, Fray Luis de Granada. Para el año 1839 sufre una crisis vocacional y se retira del Seminario, se inscribe en la Academia de Matemáticas y obtiene el título de Agrimensor. En septiembre de 1890 asiste a la Facultad de derecho de la Universidad Central y a pesar de la estrechez de recursos y sus problemas de salud, logra el título de Abogado en 1848.

Siendo aún estudiante escribe en periódicos caraqueños, medio que siempre utilizó para comunicar sus ideas, tuvo muy pocos cargos públicos, uno de ellos fue ser Secretario de la Facultad de Humanidades de la Universidad Central en 1848. Titular de la Cátedra de Legislación Universal, Civil, Criminal y de Economía Política en 1853. En 1872 fue designado por el Gral. Antonio Guzmán Blanco como Miembro de la Comisión Codificadora.


Como vivió apartado de compromisos burocráticos, ganó con ello independencia de criterio y tiempo para estudiar y meditar. Siempre la pobreza fue su compañera, en una carta que le escribió a su hermano Pablo le dice: “Estoy muy pobre, no tengo para pagar esta carta para Ospino, que pondrás en la estafeta”. Además de su penuria económica, hay que sumarle las consecuencias de haberse enemistado en sus últimos años con Guzmán Blanco porque pocos amigos se atrevían a visitarlo, entre estos se cuenta José Martí y Lisandro Alvarado.

La obra en verso de Cecilio Acosta no fue muy profusa, se mueve ente el Neoclasicismo y el Romanticismo, su poema de mayor extensión es “La Mujer” de que solo se conocen fragmentos, escrita en octavos reales, desfilan arquetipos femeninos como Helena, Lavinia, Andrómaca, muy convencionales y duras, hijas más de erudición que de la inspiración. Cuando se vuelca sobre si mismo logra una poesía más romántica. “El Vespero” escrito el año de su muerte, es una despedida suprema como el astro de la tarde, Cecilio vive su hora crepuscular, el lucero brilla tranquilo en el cielo y llena de paz su espíritu.

Cecilio Acosta no fue un gran poeta su superioridad prosista es manifiesta y se caracteriza por la precisión en el uso del lenguaje que envuelve el empleo de un rico vocabulario y la ordenación sistemática de las ideas. Hay en todos sus escritos como un dibujo claro sin retórica, que permite captar claramente lo que él quiere expresar, es como una prosa pedagógica hecha para enseñar, porque Cecilio Acosta fue un “Maestro de Pueblos” y utilizó el periódico como cátedra. Cecilio Acosta es uno de los grandes prosistas venezolanos del siglo XIX y uno de sus admiradores, su discípulo por breve tiempo, quien llegaría ser primer prosista hispanoamericano de ese siglo, el cubano José Martí.


En 1856, Acosta publicó uno de sus ensayos, quizás el más valioso, pero el más conocido por nosotros titulado “Cosas sabidas y cosas por conocerse” escrita en forma de carta y dirigida a un amigo suyo, que vive en algún lugar del campo venezolano, donde expresa profusa y profundamente sus ideas pedagógicas aplicada a la realidad venezolana, evaluando el estado de atraso y la orientación equivocada de los estudios que en su tiempo se realizaban en la Universidad.

Que nos quería decir Acosta que eran las cosas sabidas y que eran las cosas por saberse, se dio cuenta que empezaban a conocerse o descubrirse nuevos inventos como el telégrafo, la electricidad, el vapor, que el hombre estaba comenzando a conquistar la velocidad, con el vapor los barcos que ya no se movían al capricho de los vientos, las locomotoras que podían transportar centenares de personas al mismo tiempo que los vehículos tirados por caballos, que las imprentas de vapor podían moverse con más rapidez que las primitivas prensas manuales, que se puede trasmitir por telégrafo una noticia en obra de minutos cuando antes esa misma noticia, transportada por vía terrestre tardaba días o semanas en llegar a su destino. Cecilio Acosta se preguntó si era acertada o no la enseñanza que se impartía en el país, va a decirnos como sabidas pero va anunciar otras que están por saberse:

1°- Necesidad de Instrucción Elemental Generalizada.
2°- Enseñanza Universitaria para los mejores dotados.
3°- Enjuiciamiento de la Universidad y sus egresados.
4°- Futuro promisor del Hombre.

Y como colofón decía: “Enseñen lo que se entiende, enseñen lo que sea útil, enseñen a todos; Eso es todo.
Acosta enjuicia lo anacrónico y lo empolvado de una enseñanza que él considera inútil, porque no responde a las necesidades de la época. Descentralicemos la enseñanza, procuremos que sea racional, que se entienda y sea útil, que cuando hay más ojos más se ve, de nada vale seguir lo que fue, sino ejecutar lo que conviene. Si es necesario, castigar a los padres para que obliguen a los hijos a aprender. Los conocimientos son como la luz esclarecen lo que abraza, pero como ella cuando no ilumina distancia es porque hay un estorbo por delante.

Como pensador político Cecilio Acosta ha sido calificado como conservador liberal pero no resulta fácil encasillarlo en una u otra tendencia. Muchas de las ideas políticas de Acosta han sido superadas, él mismo reconoce que siendo perfectible el mundo social cada generación tiene el derecho y el deber de superar y convertir en realidad lo que antes fue teoría, pero lo que no pierde vigencia es su honradez, su patriotismo, su desinteresada consagración a la causa del bien público.


El viernes 8 de julio de 1881, muere Cecilio Acosta, muere en indigencia, se tuvo que apelar a los amigos para costear su entierro, a quien fue millonario en conocimientos útiles y en altos valores éticos. El gran pensador y libertador cubano, José Martí, quien vivía en Caracas en ese momento publicó una elegía en su homenaje.

“Ya está hueca y sin lumbre aquella cabeza altiva, que fue cuna de tanta idea grandiosa; y mudos aquellos labios que hablaron lengua varonil y gallarda; y yerta la pared del ataúd, aquella mano que fue siempre sostén de pluma honrada, sierva de amor y al mal rebelde. Ha muerto un justo; Cecilio Acosta ha muerto. Llorarlo fuera poco. Estudiar sus virtudes e imitarlas es el único homenaje grato a las grandes naturalezas y digno de ellas. Trabajó en hacer hombres: se le dará gozo con serlo.”
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